Las consagradas celebran su día con espíritu misionero

En la Diócesis de Jaén viven 400 consagrados. Más de 350 mujeres y 40 hombres que, repartidos por toda la geografía jiennense, desarrollan la vocación a la que Cristo los llamó, a través de los distintos carismas de la Iglesia. De vida contemplativa o activa, todos llevan una vida de entrega total a Cristo y a los hermanos.

El pasado 2 de febrero, la Iglesia celebraba la Jornada Mundial de Vida Consagrada y lo celebraron juntos, compartiendo una Eucaristía presidida por el Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, en la Iglesia del Sagrario de la Catedral de Jaén.

Participaron alrededor de 200 consagradas, llegadas desde todos los puntos de la Diócesis. La celebración, organizada por la CONFER y el  Prefecto de Liturgia de la Catedral, estuvo concelebrada por quince sacerdotes,  y acompañada de los seminaristas y diácono y del pueblo fiel, que quiso participar de esta Eucaristía.

En su homilía, el Obispo de Jaén recordó que, en ese día, estaban «convocados por la Iglesia bajo el lema «Padre Nuestro»,  que nos invita de un modo muy especial a que todos nosotros nos situemos en el corazón de Cristo. Por lo tanto, situar en esta celebración a Dios como Padre y situarnos con Cristo en nuestra vida, con nuestras necesidades, con nuestras pobrezas, pero también con nuestras alegrías, con nuestros anhelos y con nuestras aspiraciones, porque la humanidad de Cristo tiene que ser amada y contemplada siempre».

En este sentido, Don Amadeo explicó que el lema de este año, «Padre Nuestro, es para ser en el mundo presencia del amor de Dios, testimonio del amor de Dios. Todos nosotros nos unimos a esta intención con la que estáis viviendo esta Jornada de la Vida Consagrada».

En relación al pasaje del Evangelio de Lucas de la Presentación del Niño en el Templo, hizo referencia al viejo Simeón como «un buscador de Dios». En el fondo,- expresó el Obispo- «todo ser humano, esté en la situación en la que esté, es un buscador de Dios, y a veces se puede encontrar con Él en el sitio más insospechado. Miremos el ejemplo del anciano Simeón, feliz y alegre, proclamando su encuentro con el Señor, que le ha cambiado la vida. Don Amadeo enfatizó que «Encontrar a Cristo es encontrar la luz que alumbra a todos los pueblos, a todos los hombres, a todos los corazones. Por eso, en este día de la Presentación del Señor, en el día del encuentro con la luz, con la verdad, con la vida, tiene que ser una llamada para ser testigos del Señor, siempre».

El Prelado jiennense finalizó sus palabras animando a los y las consagradas a vivir este tiempo de gracia del Señor, que es la Misión Diocesana, cada uno desde su carisma y comunidad, pero siempre anunciando a todos la alegría del Evangelio.

Al concluir la predicación, las consagradas renovaron sus votos de obediencia, pobreza y castidad delante del Obispo. Para luego presentar, ante el altar, junto al Pan y el Vino, como dones eucarísticos, una alianza, signo de nuestra total pertenencia al Señor, y un libro de Constituciones que, en cada Instituto, es camino de santidad en el seguimiento de Cristo.

Después de la Comunión, el Obispo hizo el envío misionero de las consagradas, a la vez que pidió «implicación y colaboración» en la «Misión diocesana.»Con ella pretendemos poner a nuestra Iglesia de Jaén en un estado permanente de salida misionera, «con el sueño de llegar a todos». Deseo, pues, que, contribuyendo con entusiasmo en este empeño misionero desde vuestros lugares y tareas, sepáis manifestar con vuestra diligente entrega que «la Iglesia existe para evangelizar»», enfatizó Monseñor Rodríguez Magro.

La celebración concluyó con la oración de la Misión diocesana. Tras una foto de familia, el Obispo del Santo Reino saludó, uno a uno, a todos los consagrados.

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